Descripción de la ruta
Esta ha sido una ruta muy agradable y especialmente bonita, de esas que se disfrutan paso a paso porque el paisaje cambia continuamente sin perder nunca el encanto del Mediterráneo. El recorrido transcurre junto a varias calas de aspecto salvaje, donde la roca, la vegetación litoral y el mar forman un conjunto muy atractivo. Aunque el mar estaba casi tranquilo, el romper de las olas contra las piedras convertía cada cala en un pequeño espectáculo natural.
Las protagonistas de la ruta son Cala Blanca, Cala Mundina, Cala Cubanita y Cala Argilaga, todas ellas con esa belleza áspera y solitaria que tienen las calas de piedra. No son playas cómodas para pasar el día como lo pueden ser las de arena, pero precisamente por eso conservan un aire más tranquilo, más natural y menos masificado. Son lugares para detenerse, mirar el mar, escuchar las olas y disfrutar de la soledad.
La salida la hice desde el Hotel de Playa Romana, siguiendo siempre la línea de costa. Primero pasé por la Playa del Carregador, después por la Playa de Las Fuentes, el Paseo Marítimo y el Puerto Deportivo, hasta llegar finalmente a Cala Blanca. En esta zona se puede elegir entre continuar por las sendas del litoral o tomar una carretera polvorienta que discurre algo más hacia el interior. Para hacer la ruta lo más circular posible, decidí realizar la ida por la costa y dejar la vuelta por el interior, desde el aparcamiento de la Font de la Parra.
Desde Cala Blanca continué hasta el Faro de Irta, un punto muy interesante del recorrido y una buena referencia para seguir avanzando. Aquí hay que tomar la indicación hacia Playa Serradal y Cala Cubanita. A partir de este tramo, el sendero se vuelve más estrecho y agradable, con mucha sombra gracias al bosque mediterráneo que acompaña buena parte del camino. Pinos, matorral, cañaverales y vegetación propia del litoral van formando un paisaje muy característico de esta zona.
El sendero pasa también junto a algunas villas, pero sin perder del todo esa sensación de estar caminando por un tramo costero algo apartado. Poco a poco van apareciendo nuevas calas, cada una con su personalidad, hasta llegar a Cala Argilaga. Todas estas playas y calas son de piedras, lo que hace que normalmente estén bastante solitarias. Solo suelen encontrarse algunas personas que buscan precisamente eso: tranquilidad, silencio y contacto directo con el paisaje.
Desde Cala Argilaga inicié el regreso hacia el aparcamiento de la Font de la Parra. Desde allí tomé la carretera polvorienta que vuelve hacia Cala Blanca, completando así una ruta bastante circular y variada, con una ida más marinera y una vuelta más interior.
Para una próxima salida queda pendiente continuar desde este aparcamiento hacia la Torre Badum, en Peñíscola, una prolongación que promete ser también muy interesante por el paisaje de la Sierra de Irta y sus vistas al mar.
Al final, la ruta tuvo una distancia de 16,31 kilómetros, realizada en 3 horas y 33 minutos. Nada mal para una jornada que combina paseo marítimo, sendas costeras, calas salvajes, faro, bosque mediterráneo y caminos interiores. Una ruta muy recomendable para quienes disfrutan caminando junto al mar, lejos de las playas más concurridas y buscando rincones con sabor auténtico.
**Nombre de la ruta:** Cala Argilaga
**Distancia:** 16,31 km
**Tiempo empleado:** 3 h 33 min
**Tipo de recorrido:** Circular parcial
**Entorno:** Litoral, calas de piedra, bosque mediterráneo y caminos interiores
**Punto de salida:** Hotel de Playa Romana