Descripción de la ruta
Senda de los Dos Ríos – Sepúlveda
El 10 de mayo de 2023 hicimos la Senda de los Dos Ríos, una preciosa ruta circular que parte de Sepúlveda y que nos permitió combinar en apenas unos kilómetros tres de los grandes atractivos de esta localidad segoviana: su patrimonio histórico, el paisaje de sus hoces y la exuberante vegetación que acompaña a los cursos de agua. Hay lugares en los que la historia se contempla y otros en los que casi se siente. Sepúlveda pertenece, sin duda, a estos últimos.
El recorrido que conservamos en el GPS tiene aproximadamente 6,4 kilómetros y comienza en la parte alta de Sepúlveda. Desde los primeros pasos resulta evidente que no estamos ante una ruta exclusivamente de naturaleza. Aquí el paisaje y la historia aparecen continuamente unidos.
Salimos dejando atrás el caserío y pronto nos acercamos a la Puerta de la Fuerza, cuyos restos se levantan sobre el terreno dominando el barranco. Atravesar este antiguo acceso y contemplar desde allí el paisaje es una magnífica forma de abandonar el núcleo urbano y comenzar el descenso hacia el fondo del valle.
El cambio de escenario es rápido. Dejamos atrás las zonas abiertas, dominadas por la roca y el cielo, y nos introducimos poco a poco en un ambiente completamente diferente. La vegetación se hace más abundante y el sendero comienza a discurrir junto al agua, bajo la sombra de los árboles.
Este es probablemente el recuerdo que mejor conservo de aquella jornada. El contraste entre las zonas altas y secas que rodean Sepúlveda y la frondosidad existente junto a los ríos resulta espectacular. En algunos lugares, los árboles prácticamente forman una bóveda sobre el cauce y el sendero avanza pegado al agua entre raíces, pequeños escalones de roca y pasarelas de madera.
Durante el recorrido encontramos también algunos vestigios de los antiguos aprovechamientos del río. Uno de ellos es la presa de la Fábrica de la Luz, donde el agua forma un pequeño remanso rodeado de una vegetación especialmente densa. El edificio que aparece junto al cauce y la pequeña presa recuerdan que estos parajes, que hoy contemplamos fundamentalmente como espacios naturales, tuvieron también otros usos.
La ruta está bien señalizada y en varios puntos encontramos indicaciones que permiten enlazar con otros itinerarios de la zona. Una de ellas señala la continuación de la Senda de los Dos Ríos y, en dirección contraria, la senda hacia el Puente de Talcano y el Puente de Villaseca. Más adelante atravesamos también el Puente de Palmarejos, otro de los puntos identificados durante nuestro recorrido.
Pero si algo caracteriza a este entorno son sus paredes rocosas y las aves que las sobrevuelan. En las zonas más abiertas resulta difícil no levantar la mirada. Sobre las hoces, aprovechando las corrientes de aire, pueden observarse grandes aves planeando sobre el cañón, una de las imágenes que más recuerdo de aquella excursión.
El recorrido continúa alternando tramos junto al agua con otros algo más elevados. Hay pequeños ascensos acondicionados con escalones y barandillas de madera que permiten ir ganando altura mientras la vegetación comienza a abrirse. Poco a poco reaparecen las paredes rocosas y las vistas amplias del paisaje.
Y entonces vuelve a surgir Sepúlveda.
Después de caminar durante buena parte de la ruta entre árboles y junto al río, contemplar nuevamente el pueblo desde la distancia resulta magnífico. Sepúlveda aparece extendida sobre las laderas y adaptada a un terreno abrupto, con sus casas agrupadas alrededor de las iglesias y sus edificios históricos. Desde esta perspectiva se entiende perfectamente la extraordinaria ubicación de la localidad.
El último tramo nos conduce nuevamente hacia el casco urbano, cerrando así un recorrido circular en el que prácticamente no hay tiempo para aburrirse. En poco más de seis kilómetros hemos pasado de las calles y monumentos de Sepúlveda a las hoces, de las zonas abiertas a un auténtico bosque de ribera y del silencio junto al agua a las grandes panorámicas sobre el pueblo.
Han pasado más de tres años desde aquella excursión y no recuerdo cada cruce ni cada detalle del camino. Las fotografías, sin embargo, me han permitido recuperar muchas de aquellas imágenes: el agua transparente bajo los árboles, las enormes raíces junto al sendero, la pequeña presa, las pasarelas de madera, las paredes del cañón y, por encima de todo, las aves planeando en el cielo.
Y permanece también la sensación que ya conservaba antes de volver a ver estas fotografías: la Senda de los Dos Ríos fue una ruta realmente bonita y Sepúlveda, el magnífico principio y final de aquella jornada.