Descripción de la ruta
# Un paseo por el corazón de Madrid: de Moncloa a la Puerta del Sol, Plaza Mayor y Palacio Real
**Fecha:** 8 de octubre de 2026\
**Distancia recorrida:** 7,4 km\
**Tiempo en movimiento:** 1 h 48 min\
**Tipo de recorrido:** Circular urbano\
**Inicio y final:** Intercambiador de Moncloa (Madrid)\
**Dificultad:** Fácil
## Descripción del recorrido
Ruta circular por el centro histórico de Madrid, con salida y llegada en Moncloa, pasando por algunos de los lugares más representativos y concurridos de la capital:
- Fuente de los Afligidos (1,4 km)
- Edificio España (1,7 km)
- Plaza del Callao (2,3 km)
- Puerta del Sol (3,2 km)
- Plaza Mayor (3,8 km)
- Plaza de la Villa (4,0 km)
- Monumento a las víctimas del atentado contra Alfonso XIII (4,4 km)
- Palacio Real (4,7 km)
- Teatro Real (5,0 km)
- Parroquia del Buen Suceso (6,6 km)
## Crónica de la ruta
Para mí siempre es un placer darme una vuelta por Madrid. Aunque mis recorridos habituales suelen transcurrir por los caminos, montes y senderos de la sierra, hoy he decidido hacer una excepción y registrar este paseo urbano para publicarlo en *senderosdevida.net*. Y es que caminar no consiste solamente en recorrer espacios naturales; también las calles de una ciudad pueden convertirse en senderos cargados de historia, recuerdos y emociones.
Hacía casi dos años que no venía a Madrid y, quizá por eso, este paseo ha resultado especialmente evocador. Hay lugares que, por mucho tiempo que transcurra sin visitarlos, conservan intacta su capacidad para despertar recuerdos de otras épocas. Madrid tiene para mí muchos de esos rincones.
La ciudad se encontraba hoy en todo su esplendor de luz y color. Hemos disfrutado de una magnífica jornada otoñal, con un sol generoso pero sin el calor agobiante del verano y una ligera brisa que hacía especialmente agradable caminar. Son estos días de octubre en los que uno sale temprano de casa bien abrigado, porque las temperaturas de primera hora todavía resultan frescas, pero termina llevando la chaqueta de sobra conforme avanza la mañana. Mucho más si, como yo, se dedica a recorrer las calles a buen paso durante casi ocho kilómetros.
Llego al Intercambiador de Moncloa en el autobús procedente de Hoyo de Manzanares. No tengo un itinerario previamente establecido, aunque sí un objetivo concreto: acercarme a La Casa del Libro para buscar alguna publicación actualizada sobre ASP.NET Core y Visual Studio, herramientas de programación en cuyo conocimiento quiero profundizar. Una nueva aventura informática que, a estas alturas, sigue despertando mi curiosidad y mis ganas de aprender.
Desde Moncloa comienzo a descender por la calle Princesa en dirección a la Plaza de España. Es un recorrido cómodo, de suave pendiente descendente, que me lleva junto a la Fuente de los Afligidos. Esta primera parte del paseo sirve para ir entrando poco a poco en el ambiente de la ciudad, observando escaparates, edificios y ese movimiento incesante de personas que caracteriza a Madrid.
Alcanzo la Plaza de España, uno de los espacios que más ha cambiado en los últimos años, y continúo hacia la Gran Vía. Ahora toca recuperar parte de la altura perdida mediante una suave subida hasta la Plaza del Callao. A estas horas, la actividad comercial ya es intensa y las aceras comienzan a llenarse de madrileños y visitantes.
Entro en La Casa del Libro con la esperanza de encontrar el manual que busco, pero no tienen una edición suficientemente actualizada. Decido probar suerte en la FNAC, situada en la calle Preciados. Tampoco allí encuentro lo que necesito. Habrá que seguir buscando, probablemente por Internet. En cualquier caso, la excursión ya está mereciendo la pena, aunque regrese a casa sin el libro.
Desde la FNAC me dirijo hacia la Puerta del Sol. Tengo curiosidad por conocer de cerca el campamento de protesta instalado allí desde hace aproximadamente un par de semanas, relacionado con el problema de la vivienda y los desahucios. Me acerco, observo el ambiente y hago algunas fotografías. Entre los participantes y las personas que se detienen a mirar se aprecia una mezcla muy variada de edades, apariencias y actitudes.
La Puerta del Sol, siempre tan concurrida, presenta hoy una imagen singular. Al habitual ir y venir de turistas, compradores y paseantes se añade esta expresión de protesta social que recuerda que las grandes plazas de Madrid no son solamente lugares de encuentro y ocio, sino también escenarios donde se manifiestan las preocupaciones de cada época.
Continúo por la calle Mayor y entro en la Plaza Mayor. No importa cuántas veces haya estado aquí: siempre encuentro algún detalle que merece una nueva mirada. Sus soportales, las fachadas rojizas, la estatua ecuestre de Felipe III y el continuo movimiento de visitantes forman una estampa que parece resistirse al paso del tiempo, aunque cambien las personas que la recorren.
Hago algunas fotografías y continúo hacia el Mercado de San Miguel, otro de esos lugares que se han convertido en parada casi obligatoria para quienes visitan la capital. Toda esta zona está en plena ebullición. Miles de personas recorren las calles, muchas de ellas turistas extranjeros que fotografían cuanto encuentran a su paso. Me pregunto qué pensarán algunos de ellos al contemplar, a tan poca distancia de los grandes monumentos y atractivos turísticos, las manifestaciones de protesta que han visto en la Puerta del Sol. Es una de las muchas contradicciones que conviven en cualquier gran ciudad.
Sigo descendiendo por la calle Mayor hasta alcanzar la Plaza de la Villa, uno de mis rincones preferidos de este Madrid histórico. Aquí se encuentra la antigua sede del Ayuntamiento, en un conjunto arquitectónico que conserva buena parte del carácter del Madrid de los Austrias. Es un lugar que invita a detenerse, contemplar sus edificios y pensar en los siglos de historia que han transcurrido por estas mismas calles.
En las proximidades me llama la atención la fachada de un edificio dedicado a actividades culturales, decorada con figuras de distintos colores que le proporcionan un aspecto alegre y simpático. Es uno de esos pequeños descubrimientos que aparecen cuando se camina sin prisas y con los ojos bien abiertos.
Continúo hasta el encuentro de la calle Mayor con la calle Bailén. A mi izquierda queda el famoso viaducto de Segovia, una construcción inseparable de la historia y de algunas de las leyendas más sombrías de Madrid. A la derecha se abre uno de los conjuntos monumentales más impresionantes de la capital.
Aquí encuentro el monumento dedicado a las víctimas del atentado contra Alfonso XIII y Victoria Eugenia, ocurrido el 31 de mayo de 1906, el día de su boda. Desconocía la existencia de este recuerdo histórico y me detengo a observarlo. Es una de las satisfacciones de estos paseos: descubrir, incluso en lugares conocidos, episodios de nuestra historia de los que apenas teníamos noticia.
Unos pasos más adelante aparece la Catedral de la Almudena y, a continuación, el majestuoso Palacio Real. La amplitud de los espacios, la monumentalidad de los edificios y la luminosidad de esta mañana de octubre ofrecen un panorama verdaderamente magnífico.
Al otro lado se extiende la Plaza de Oriente, con sus jardines, sus estatuas y el Teatro Real presidiendo uno de sus extremos. Todo este entorno constituye una extraordinaria concentración de historia, arquitectura y patrimonio artístico. Me entretengo haciendo nuevas fotografías, disfrutando del ambiente y recordando otras visitas realizadas a lo largo de los años.
Desde aquí inicio el regreso hacia la Plaza de España. Observo que se están realizando preparativos para los actos relacionados con el próximo 12 de octubre, Fiesta Nacional de España, también conocida como Día de la Hispanidad. La ciudad comienza a prepararse para una de sus celebraciones más señaladas.
En los alrededores de la plaza destacan dos edificios emblemáticos del Madrid del siglo XX: la Torre de Madrid y el Edificio España. Ambos forman parte de una imagen urbana que durante décadas ha identificado este extremo de la Gran Vía y que hoy convive con la profunda transformación experimentada por toda la zona.
Llega el momento de emprender la subida por la calle Princesa, esta vez en sentido contrario al de la mañana. El recorrido, que al comenzar resultaba tan cómodo por su pendiente descendente, exige ahora un pequeño esfuerzo adicional. Nada importante después de tantos kilómetros recorridos por la sierra, aunque el pavimento de las calles y las aceras no siempre resulta tan agradable para caminar como los senderos de tierra.
Paso por las proximidades de la Parroquia del Buen Suceso y finalmente alcanzo el Intercambiador de Moncloa, donde tomaré el autobús de regreso a Hoyo de Manzanares.
Según los datos registrados por Wikiloc, el recorrido ha sido de **7,4 kilómetros, realizados en 1 hora y 48 minutos de marcha, con un desnivel prácticamente insignificante**.
Regreso sin el libro que venía buscando, pero con algo que no esperaba encontrar: el placer de reencontrarme con una ciudad que forma parte de mis recuerdos y que, después de casi dos años de ausencia, sigue teniendo la capacidad de sorprenderme.
Quizá esta ruta no tenga mucho que ver con las habituales de *Senderos de Vida*. No hay bosques, arroyos, montañas ni caminos pedregosos. En su lugar aparecen plazas, monumentos, escaparates, edificios históricos y una multitud de personas que se cruzan constantemente en nuestro camino.
Pero también esto es caminar. También esto es descubrir paisajes, aunque sean urbanos, y disfrutar de lo que nos rodea.
**Al fin y al cabo, los senderos de la vida no siempre discurren por el campo. Algunos atraviesan las calles de una ciudad y nos llevan, casi sin darnos cuenta, a recorrer también los caminos de nuestra propia memoria.**